Fue construida por Gustavo Eiffel en 1889, se encuentra
en Champ de Mars en Paris, Francia.
La organización de la Exposición Universal, conmemorativa
del centenario de la Revolución Francesa (1789), fue aprovechada por Eiffel
para demostrar al mundo los avances tecnológicos de la arquitectura de su país
mediante la erección de una torre de 300 metros de altura y estructura de
hierro. Tras la aprobación del proyecto (concebido por su colaborador Maurice
Koechlin) por el organismo competente, se erigió en la orilla izquierda del
Sena, en pleno centro de París. Las obras se iniciaron en 1887 y en su construcción
se invirtieron dos años y 6.900 toneladas de hierro.
La torre se levanta
sobre una base cuadrada de 125 metros, que tiene incrustados en sus ángulos los
cuatro soportes de arranque en los que se inscriben los elegantes arcos que
sostienen los diferentes pisos. Las curvas de los cuatro laterales proporcionan
una impresión de fuerza y de belleza y los huecos favorecen el paso del aire,
garantizando la estabilidad del edificio. Su sistema de ascensores de gran
cabida fue el primero que se instaló en el mundo. Sus 300 metros la
convirtieron en el edificio más alto del mundo hasta la inauguración del Empire
State Building de Nueva York en 1922.
Su construcción despertó una encendida polémica, pues muchos
la consideraban una tosca estructura carente de sensibilidad artística. En los
inicios de su construcción, un grupo de intelectuales -entre los que destacaban
Garnier y Zola- firmaron una carta de protesta dirigida al comisario de la
Exposición, en la que se quejaban de esa "torre vertiginosa y ridícula que
domina París, como una gigantesca y oscura chimenea de fábrica". El
compositor Charles Gounod y el escritor Alexandre Dumas, hijo, redactaron una
carta de protesta por la construcción de la torre; el escritor Guy de
Maupassant abandonó París para demostrar su disgusto. Pero una vez acabada,
muchos de los detractores iniciales se sintieron seducidos "por lo
fantástico que deleita nuestra pequeñez. Bien plantada sobre sus piernas
arqueadas, sólida, enorme, monstruosa, brutal, se diría que, despreciando
silbidos y aplausos, trata de buscar y desafiar al cielo, sin importarle lo que
se mueva a sus pies".
Concebida inicialmente como atracción temporal, en 1909 fue
comprada por el estado francés. Más tarde se pensó en su demolición debido a
los elevados costos de mantenimiento y al peligro de un futuro debilitamiento
de la estructura por oxidación. Sin embargo la fuerte reacción popular ante la
idea de que la torre, considerada como un símbolo nacional, desapareciera, hizo
que se desistiera de tal propósito. En la actualidad, además de constituir una
atracción turística, la torre alberga las instalaciones de la Radiotelevisión
Francesa y funciona como baliza para los aviones que se dirigen al aeropuerto
parisiense de Orly.

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